Golfredo Dávila: Ni con trampa

Golfredo Dávila: Ni con trampa
Cuando las mayorías se disponen a cambiar, no hay poder ni trampa que las detenga
Cuando las mayorías se disponen a cambiar, no hay poder ni trampa que las detenga. En la calle se observa el fervor del pueblo por ir a votar el 6 de diciembre. En esta época aciaga, el voto resume el anhelo de la gente por respirar un nuevo aire, representa la válvula de escape del descontento. Todos saben que reconstruir el país llevará tiempo, pero han decidido darle un parao al atraso, la gente quiere comenzar a ver el fruto de sus sueños, de una Venezuela reconciliada, próspera y orientada al desarrollo.
Esta vez ningún mecanismo fraudulento, ventajismo electoral o la hegemonía mediática de los dueños del poder, podrá torcer la voluntad del pueblo. El régimen intentará repetir su guion: voto asistido, el doble o triple cedulado, el chantaje y la presión contra los funcionarios públicos, meter miedo con su psicología barata, sembrando dudas sobre el secreto del voto, o la frase de Maduro “ganamos como sea”, o la de Tibisay Lucena el “voto mata encuestas” cosa que nunca pronunció cuándo las encuestas les eran favorables.
Tampoco les servirá el abuso de recursos, la gente no se prestará como en otros tiempos a esas maniobras, en las cuales aparecen difuntos o abstencionistas crónicos votando. Las medidas populistas ramplonas, no surtirán ningún efecto, la demagogia y la manipulación a la gente con el hambre, repartiendo bolsas de comida, línea blanca, o prometiendo viviendas, serán un búmeran. Claro, esa manera de hacer política todavía tiene alguna influencia, pero más puede la crisis, el hastío y el descontento. 
Pero como en todo, hay excepciones, habrá quienes votarán a favor del caos, porque de ello se benefician, hay quienes viven como en una burbuja, aislados y/o disociados de la realidad, están los que desangran al país, es decir los enchufados, que no saben lo que es una cola porque les llevan la comida a su casa. Pero el consuelo es que los venezolanos reprueban al gobierno que quebró al país y parió las colas. 
Ahora bien, como no podemos pecar de triunfalismo, no hay que quedarse sólo en la crítica, hay que ir a votar y llevarse a otro, debemos ir con gusto a hacer la cola del 6 de diciembre, allí desaprobamos la gestión de Maduro. Además, aparte de votar hay que defender el voto, esa no es tarea sólo de los testigos o miembros de mesa, ellos son la autoridad del proceso, pero los ciudadanos debemos ejercer a plenitud nuestros derechos: participar en el escrutinio del centro de votación, conocer que la única función del plan república es custodiar el proceso, ellos no tienen por qué intimidar a nadie, ni deben interferir en asuntos electorales, propios de los civiles, ejemplo, no tienen por qué tomar decisiones sobre si se extiende o no el lapso de votación, esa es potestad sólo de los miembros de mesa, que habiendo culminado el lapso establecido, están obligados a cerrar el proceso si no hay gente en la cola.
Un pueblo que confía en sus fuerzas, supera las expectativas. Nos toca en los próximos días de campaña pregonar la unidad y soñar un nuevo país. Convencernos que la noche del 6 de diciembre será de celebración, júbilo y reconciliación. Por allí comienza el camino del diálogo social, que es el mejor instrumento para acordar una política y un programa dirigido al desarrollo nacional.

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