Golfredo Dávila: Por estas calles

Golfredo Dávila: Por estas calles

Con la siguiente descripción del drama que vive la familia venezolana, no se pretende  descubrir el agua tibia. La idea es significar cómo la gente logra empalmar las emociones y el padecimiento de un estrés colectivo, con la reflexión. Como se aprecia, se entrecruzan un sinfín de sentimientos causados por la falta de alimentos, por la inflación galopante, la inseguridad, el éxodo de jóvenes y profesionales, por la corrupción, por el desastre de los servicios públicos o por la quiebra del aparato productivo nacional.
Es un caos generalizado que genera incertidumbre cotidiana. Los vecinos madrugan para asistir a la cola acostumbrada, sea esta para adquirir alimentos o repuestos para el vehículo; les toca la penuria de esperar una o dos horas el carrito por puesto o el autobús que les deja cerca de su destino, y producto de la anarquía de este servicio, el chofer del vehículo cobra el doble o el triple del pasaje  reglamentado; si deciden ir a un cajero de cualquier banco para contar con efectivo, igualmente pierden una o dos horas en la cola. Por cierto, el pésimo servicio que prestan los bancos no se corresponde en absoluto con las jugosas ganancias que han tenido durante estos 17 años. 
Visitan varios supermercados con colas que dan ganas de llorar y preocupados por la ola de atracos; si por carambola logran entrar a un establecimiento, consigues uno o dos productos regulados, ni por disimulo ven los precios de otros productos que están por las nubes; luego de regreso a casa, son 2 o 3 horas más de espera del transporte; cosa que no culmina allí, porque si no logran adquirir lo necesario, entonces, les toca comprar el kg de arroz por Bs 300 o de harina precocida por Bs 200 en la tienda. Así concluye un día lleno de arrecheras, impotencia, tristeza, dolor, entre otros sentimientos, es un largo peregrinar en un país donde nada funciona.
Para colmo, los apagones, basura por doquier, falta de agua, que van consumiendo, agotando y enfermando a la población; y si te enfermas es peor porque la salud pública está privatizada y no consigues medicinas; si eres dueño de un pequeño negocio o una mediana empresa, su preocupación es la inseguridad y la vacuna que las mafias le obligan a cancelar. Los de arriba destruyeron el país, quebraron la economía, de allí la falta de producción, que trae escasez; el Banco Central emite billetes a montón sin ningún respaldo generando más carestía, lo cual se traduce en una calamidad en cadena y es que los de abajo están sobreviviendo a costillas del otro.
Cabe preguntarse ¿por qué no se apunta la mirada a los únicos culpables? Seguro no es por desconocimiento, por conformismo, por falta de preocupación o resignación. Lo positivo de todo esto es que la gente ha internalizado un importante proceso de reflexión, que a veces se encuentra en su subconsciente y en otras aflora con interrogantes o afirmaciones, “aquí tiene que pasar algo”, o ¿que irá a pasar en el país?, “esto no lo compone nadie” o “ya no vuelvo a votar por estos sinvergüenzas”. La mayor parte responde en forma inteligente a la amenaza y ha mostrado una enorme capacidad para la resistencia; no sucumbe frente a la adversidad, se resiste frente al régimen y no explota frente al caos.
Y es que las mayorías tienen la mirada puesta en el futuro; en el fondo prefiguran grandes cambios, no pierden las esperanzas, siguen teniendo vivos los sueños por un país de progreso. Cuando se preguntan ¿Qué hacer?, encuentran que su tarea más cercana es participar en el proceso electoral, están convencidos que en esta coyuntura histórica, el voto es la alternativa más viable. La gente tiene la imagen negativa del caracazo y está consciente del fracaso de los atajos y aventuras como el carmonazo, el paro petrolero o la llamada “salida”. La violencia sólo le conviene a quien está en el poder, y si por algunas circunstancias llegase a ocurrir una explosión social, lo que vendría es más pobreza, más caos y mayor represión.

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