Golfredo Dávila: El militarismo

Golfredo Dávila: El militarismo
Aquella opinión basada en que es una gorra la que pone orden y disciplina en medio de la anarquía, el desorden y la dispersión en una sociedad atrasada e inmadura, se esfumó al juzgar por lo ocurrido en estos 17 años. 
El militarismo se remonta al año 1808, cuando el rey de Prusia fundó la primera escuela militar de especialización. Es una ideología ligada al uso de la violencia y basada en valores como la xenofobia, el machismo, la obediencia ciega, se ha infiltrado como cultura por múltiples vías, unas de ellas a través del cine o de la historia que se enseña en nuestras escuelas. 

En nuestro caso se ha dicho que llevamos el caudillismo militarista del siglo XIX en nuestros genes, además de haber tenido presidentes militares durante 132 años de los 185 de vida republicana. Aunque civiles y militares, al menos en los últimos 100 años, asumieron como modelo el capitalismo rentista y retrógrado, siendo el régimen chavista el más rancio, por concentrar en él; populismo, autoritarismo, estatismo extremo, fascismo y por ende control excesivo con represión. Pues el resultado no podría ser más desastroso.
En esta Venezuela marcada por el atraso y la dependencia, el militarismo se expresa en: 1. Una fuerza armada que goza de privilegios y que abusa de su injerencia en la conducción política del Estado; 2. Buena parte del mundo civil se ha compenetrado con la jerga militar en su vida cotidiana “ordene usted mi comandante”, o formas organizativas partidistas o electorales con nomenclatura militar, a las que se les ha impuesto valores y categorías castrenses y 3. Los grupos violentos surgidos al influjo del régimen, algunos inscritos dentro del paramilitarismo, otros actúan como milicias fascistas, que imponen el terror callejero, que atacan físicamente a la disidencia y le sirven al Estado para el ejercicio del control total de la sociedad y muchos otros dedicados al delito y al crimen organizado.
Pero no se trata de demostrar acá el militarismo del régimen, que está a la vista de todos, lo que se quiere destacar es la incoherencia de algunos sectores extremistas de la oposición, que si bien tienen razón al condenar esa conducta antidemocrática, su discurso se va al piso cuando hacen llamados constantes a los miembros de la FA para que se pronuncien, aduciendo que una acción militar es lo que hace falta para sustituir al régimen. Si bien es cierto, militares y civiles perciben la gravedad de la crisis, también es cierto que ese tipo de posturas es perjudicial para todos. En el fondo estos sectores no se diferencian mucho de quienes están en el poder, se cumple aquella frase “los extremos se tocan”, porque nada es más antidemocrático que el ordeno y mando, un soldado obedece para luego mandar, ellos desde el poder aprecian al país como un cuartel, por tanto militar no es demócrata.

Por otro lado, se contradicen al calificar a parte del liderazgo opositor de oportunista por tener como meta el “quítate tú para ponerme yo”, mientras aúpan a militares para que sustituyan a otros, ¿eso no es acaso más de lo mismo? Además, aquella opinión basada en que es una gorra la que pone orden y disciplina en medio de la anarquía, el desorden y la dispersión en una sociedad atrasada e inmadura, se esfumó al juzgar por lo ocurrido en estos 17 años. 

Una intervención militar en tiempos de caos y de impopularidad del gobierno, a quien le conviene es al poder mismo. Pudiera revivir a un régimen agonizante, aparte que está demostrado que el militarismo es un síntoma de atraso político de una sociedad. Una sociedad avanza a través del diálogo, de la colaboración, del respeto y participación de todos. El día que la sociedad no requiera de instituciones militares, estaríamos hablando de un mundo civilizado.


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